lunes, 27 de abril de 2009

Emma hubiera querido hacer a alguien confidente de estas cosas. Pero ¿cómo explicar un mal incompresible que cambia de forma como las nubes y de giro como el viento? Le faltaban palabras y ocasión para atreverse a ello.
Sin embargo, si Carlos lo hubiese querido, si una mirada suya alguna vez hubiese ido al encuentro de su pensamiento, tenía ella la seguridad de que una abundante verbosidad hubiera caído de su corazón como cae el fruto maduro del árbol con sólo apoyar una mano. Pero a medida que entre ambos estrechábase la intimidad, iba produciéndose una separación interior que la desligaba a ella de él.
La conversación de Carlos era monótoma y llana como la acera de una calle, y todas las ideas de los demás pasaban ante él con indiferencia, sin impresionarle en ningún sentido, sin emociones, sin hacerle pensar ni aun reír. Según él, nunca, mientras estuvo en Rouen, sintió la curiosidad de ir al teatro a ver los artistas de París. No sabia nada, ni tirar el sable, ni manejar pistola y en cierta ocasión no supo explicarle a Emma un termino de equitacion que esta habia leído en una novela.
¿No debia un hombre conocerlo todo, distinguirse por sus multiples habilidades, iniciar a la mujer en las energias de la pasion, en los refinamientos de la vida y en todos sus misterios? Pero Carlos no le enseñaba nada, porque el nada tampoco sabia y nada deseaba saber. El creiala dichosa, y ella, en cambio, iba cobrandole odio a causa de aqulla calma, aquella pesadez de hombre satisfecho que su propia felicidad le producia.

Estracto del libro
Madame Bovary
Gustave Flaubert

MUSICA PARA MIS OIDOS!!!!