domingo, 15 de mayo de 2011

32 PIEDRAS Y UN SOLO CORAZÓN

Desde que supo lo que era sentir latir un corazón, se lanzo sin precipitaciones a vivir aquella experiencia, fue cuando encontró la primera piedra esta le serviría para defenderse; de lo que seria el dolor de cuando se parte el alma en dos y  nada vuelve a estar en su lugar.
En su camino encontró razones, temores pero aun así sentía que tenia algo mas para entregar aun creía en la simpleza de una palabra, es cuando uso la segunda piedra en esta ocasión fue para darse cuenta de que no todo lo que parece es.
Poco a poco comenzó a usar las piedras hasta llegar a 32, si, fue ese el número de piedras que lanzo con las cuales mil promesas se rompieron.
Un día una de ellas le hablo; la última le dijo:
¿No te das cuenta que cada piedra que lanzas, estas lanzando un pedazo de tu corazón?
Ella sonrió algo tonta y perpleja,  pues no entendía porque esta piedra le estaba hablando, si en todo su andar  todas se mantuvieron calladas. 
Ninguna protesto o lloro en silencio su partida.
Ella le contesto pensé que todas servían para defenderme!!!
No, le replico la piedra. Formaban parte de un corazón, con cada una de ellas que lanzaste,  lanzabas trozos de ti, y ahora soy la única que te queda pero antes de lanzarme debes darte cuenta que si no hubiera sido por todas estas 32 piedras tendrías un corazón duro, esta es mi partida y esta mi promesa, lánzame lo mas lejos que puedas olvida a cada una de ellas, porque dentro de ti ahora te dejo un corazón de carne anheloso de amor por el y a los demás.
Ella permaneció callada, observo la última piedra y le hizo la promesa nunca más tendré un corazón de piedra, pero doy gracias a estas 32 piedras por darme la oportunidad de amar con un corazón de verdad.
Antes de ser lanzada la ultima piedra, esta le pregunto ¿Cómo sabré que cumplirás tu promesa? Se miro al pecho donde ahora había un hueco, donde se podía  ver la sangre correr y latir dentro de ella un pequeño corazón.
Lo único que la cubría era su larga cabellera, porque encontró su desnudes frente a esa ultima piedra, despojada de todo lo que hasta ese entonces ella pensó que era realidad, Ella le dijo dejare que me cubra mi cabello hasta que la herida se pueda cerrar, cuando haya cerrado mi cabello será cortado y tu no importaras mas, porque la promesa es ahora conmigo.
Camino unos kilómetros beso a la piedra y la lanzo, lanzada la piedra estaba lanzada la promesa.
No mas piedras, se dijo para ella misma, pero esta vez, en lugar de llorar miro en retrospectiva y pensó ahora podre amar de verdad entregar todo lo que  soy sin temor de tener que defenderme, porque aquello que  la ultima piedra despojo, recién empezaba a crecer, aquel diminuto corazón era pequeño pero latía muy fuerte, sintió frio y busco una manera de mantenerse caliente, fue cuando se amo a ella misma y sintió el calor que ninguna promesa logro.
Dicen que hasta el día de hoy, encontró en ella mil formas de amar con tan solo un pequeño corazón, de sentir el placer de dar sin importarle lo demás.
Todo esto sucedió cuando se empezó a amar de verdad, cuentan que el tiempo paso, nadie mas logro colocar una piedra en su corazón, sino mas bien encontró miles de pequeños corazones como el suyo, que jamás necesito lanzar otra piedra, su cabello permanecería largo hasta el día de hoy.
Pero cuentan también que por medio de esta historia logro unir corazones y amar con plena libertad para recibir a cambio eternas sonrisas y momentos placenteros de felicidad.
Un día se corto el cabello y todos preguntaban quien sano su herida, ella nunca les contesto, permaneció callada haciendo lo que mas sabia y lo que mas había anhelado en su vida.
Un día finalmente se caso, ante el asombro de la gente, se caso con ella misma, desde allí de lo alto de su trono sintió que amaba y amaba con libertad todo lo que ella hacia.
Cuando murió aun su pequeño corazón no dejaba de latir y mantener ese candor casi tan caliente como el sol, para luego pasar a convertirse en una estrella, desde a lo alto ilumina a todo pequeño corazón, junto a un coro de ángeles a la espera de otro diminuto corazón.


Me gustó que lloraras

Jaime Sabines



¡Qué blandos ojos 

sobre tu falda! 

No sé. Pero tenías 
de todas partes, largas 
mujeres, negras aguas. 

Quise decirte: hermana. 
Para incestar contigo 
rosas y lágrimas. 

Duele bastante, es cierto, 
todo lo que se alcanza. 
Es cierto, duele 
no tener nada. 

¡Qué linda estás, tristeza: 
cuando así callas! 
¡Sácale con un beso 
todas las lágrimas! 

¡Que el tiempo, ah, 
te hiciera estatua!



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MUSICA PARA MIS OIDOS!!!!